Andy Kessler
23 de
diciembre de 2004; Página A10
Tomado de http://online.wsj.com/article/0,,SB110376349870907921,00.html
Traducción de Alberto Supelano: asupelan@etb.net.co
¿Necesita
un chivo expiatorio para el descenso casi diario del dólar – la
tortura china del agua sobre la economía americana? Yo culpo a Steve Jobs. Apple
es el peor culpable de la decadencia de las manufacturas de Estados Unidos. Sus
ingenieros se sientan en oficinas con aire acondicionado situadas en calles con
nombres primorosos como Bucle Infinito en Cupertino,
California, y otros hacen las cosas para ellos. Importaron dos millones de iPods ensamblados por miles de trabajadores chinos durante
el último trimestre: casi 1,5 mil millones de dólares del
déficit anual exclusivamente en iPods.
Los del D.C.
que pueden hacer algo al respecto
–antiguos ferrocarrileros y magnates de los cereales para el desayuno– está tan preocupados por los
déficit comerciales que se niegan a defender el dólar, incluso
rogándole a China para que no siga atando el yuan al dólar y
podamos devaluarnos contra esa moneda. Estamos en un lugar llamado
Vértigo. Los economistas se lamentan porque los extranjeros ya no
financian nuestro gasto y porque Norteamérica seguramente ya
llegó a la cúspide. El dólar está condenado a las
profundidades de la desesperación hasta que caiga tan bajo que
recobremos esos empleos industriales. Carajo, gracias
Steve Jobs.
Revisé
mi billetera y vi que tenía dólares,
incluida mi cuenta bancaria, mi casa y mis acciones. La reducción de su
valor perjudica a todos los norteamericanos. Me sentía tan atemorizado
pensando en todo esto que puse mi propio bucle infinito de Muddy
Waters (Aguas Turbulentas) en mi mini iPod
adecuadamente azul. De casualidad lo puse al revés y leí un
minúsculo letrero impreso. En efecto: “Ensamblado en China”.
También decía “Diseñado por Apple
de California”. En medio de la canción “Trouble
no More” “No más preocupaciones”, todo empezó a tener sentido.
En el
último año ocurrieron dos cosas. Primera, Apple
incrementó sus ventas en más de un tercio, casi todas de iPods: dos millones de iPods a
$265 cada uno el último trimestre y 100 millones de canciones vendidas a
través de su servicio iTunes. Un iPod no es más que una mezcla de software de Apple, unidades de disco baratas y un chip de 12
dólares de una compañía de Silicon
Valley llamada PortalPlayer.
Calculé que Apple paga $200 por iPod al ensamblador chino Inventec
para que junte y arme todo eso. Incluso con trabajo barato, Inventec
no tiene beneficios,
apostaría que menos de 10 dólares, quizá más
cerca de 4 dólares. A propósito, PortalPlayer
envía por e-mail su diseño a Taiwán para que lo fabriquen,
con un beneficio de 5 dólares por chip.
El segundo
cambio fue que la acción de Apple pasó
de 21 dólares a 64 dólares. Muy chévere, lo mejor del
capitalismo. ¿Por qué? ¡Porque Aple
se queda con $65 por iPod: dinero a la caza de
beneficios! Suponga que todo el incremento del precio de la acción se
debe al iPod (así es), ese negocio vale
entonces unos $15 mil millones. Añada el valor de mercado de PortalPlayer, mil millones de dólares, y
tendrá una idea de cómo funciona el mundo. Un déficit
comercial 1,5 mil millones de dólares incrementa la riqueza de Estados
Unidos en 16 mil millones de dólares. Me dedicaré a ese negocio
algún día. Como lo harán todos los que tienen cuentas de pensiones
y poseen una acción de Apple. ¿De
manera que para qué volver a preocuparme por los
déficit? Los déficit comerciales son una idea económica, y
el descenso del dólar no resolverá nada. Estamos trasladando al
extranjero empleos de bajo margen y de bajos salarios, pero, por fortuna, nos
quedamos con empleos de alto margen y elevada remuneración a la
propiedad intelectual. ¿Preferiría usted tener acciones de Apple, que obtiene un margen de 65 dólares, o de Invetec, que obtiene 4 dólares por el mismo producto?
Yo también. Podemos tener déficit comerciales
de 550 mil millones de dólares este año, pero disfrutamos de un
enorme margen de excedentes.
La manera
realmente ilógica (así nadie lo crea) de que todo esto retorne al
equilibrio es que el dólar suba. Un dólar más bajo
significa que los extranjeros obtienen un descuento innecesario en nuestros
materiales productivos: Pentiums e iPods, Windows XP y bases de datos de Oracle,
y máquinas herramientas Cisco. Ellos tienen que comprarlos de todas
maneras para que funcionen sus economías (aunque quizá no iPods), ¿para qué el descuento? Para
completar el panorama, añada la propiedad intelectual no productiva pero
que mejora la vida: drogas, películas de Hollywood,
U2. Un dólar débil no devolverá los empleos industriales;
con $20/hora aquí frente a $2/hora en China, el dólar
tendría que caer el 90%. ¿Y por qué deberíamos
alentar los empleos de baja remuneración en este país?
Los extranjeros compran bonos del Tesoro –ellos poseen el 43% del total– de modo que no tenemos que hacerlo. ¿Quién quiere el 3% de rendimiento? Debemos poseer acciones de las compañías de alto margen que se benefician de esta división entre diseño y fabricación. Cuando pasemos a una economía de propiedad intelectual, nuestras riquezas provendrán de exportar diseños rentables y de importar más bienes terminados. Nuestros salarios más altos y nuestro equilibrio en el mercado de acciones desaparecerán cuando esos dólares retornen. Por supuesto, los que cuentan fríjoles no pueden encontrar el dinero que fluye al mercado de acciones, pues es puré de fríjoles. Los más de 4 billones de déficit comerciales desde 1976 han sido compensados por más de 11 billones de incremento en el valor de nuestro mercado de valores. Eso es todo lo que usted debe saber. Además, como diría Jack Nicholson, ellos no pueden manejar nuestros dólares. Demasiados dólares en los bancos centrales extranjeros llevan al sobreendeudamiento de las compañías domésticas despilfarradoras. Japón apenas está saliendo a flote después de 15 años de un guayabo de incumplimiento de préstamos. China está de primero en la cola del trago, pues la mitad de sus préstamos bancarios son incobrables: Si su moneda se desploma, podrían llegar al 100%.
En vez de adelgazar nuestras billeteras, Japón y China tienen que comprar activos en dólares para evitar que sus monedas se eleven demasiado si quieren seguir vendiéndonos su producción industrial, mientras que, por supuesto, nosotros nos enriquecemos vendiéndoles las herramientas para hacerlo productivamente. Sugeriría agradecerle a Bono, ejem, a Steve Jobs, por la economía del iPod.
Mr. Kessler es autor de “Running Money” (HarperBusiness,
2004).