Una respuesta al argumento de King en favor del pluralismo
[1]
Paul Davidson [2]
Traducción de Alberto Supelano
En un artículo del último número de esta revista, John King presentó “Tres argumentos en favor del pluralismo en la economía”. [3] En su escrito, King falsea mi opinión sobre este tema. Y aún más importante, discrepo de los argumentos que plantea. Por tanto, a continuación expongo mis respuestas (en forma de diálogo) a las afirmaciones que hace en su artículo de la PAER.
King: ¿Hay
una sola alternativa correcta a la economía neoclásica? El propósito de este
breve ensayo es sugerir que no la hay, y mostrar que este hecho es cada vez más
reconocido por eminentes exponentes de las diversas vertientes de la teoría
económica heterodoxa.
Davidson: Si se
quiere explicar (o describir) la producción, el intercambio y las
características y operaciones financieras de una economía empresarial orientada
al mercado en la que se emplea dinero, la “Teoría General” de Keynes es la
única alternativa “correcta” a la economía neoclásica. La teoría neoclásica es,
como Keynes señaló específicamente (en la página 3 de su libro de 1936) apenas
un “ caso especial” de su teoría general. [4] Además, yo argumentaría que las teorías
sraffiana, kaleckiana y otras teorías heterodoxas que intentan explicar el
funcionamiento de una economía de mercado son otros casos especiales que se
obtienen añadiendo axiomas restrictivos adicionales a la teoría general básica
de Keynes.
King: Heinz
Kurz y Neri Salvadori... sorprendentemente, [entran] en defensa del pluralismo.
Generalmente se cree que la realidad económica, señalan ellos, es muy
complicada. Las preguntas que se hacen los economistas son, por consiguiente,
intrínsecamente difíciles, y es improbable que tengan respuestas simples.
Puesto que ninguna teoría puede considerar todos los factores pertinentes en un
contexto económico particular, hay prima facie sólidos argumentos en favor del
pluralismo teórico.
Davidson: Toda
realidad es complicada. Pero esa no es una defensa suficiente del pluralismo.
Por ejemplo, se dice que una ecuación que tenga en cuenta todas las fuerzas
gravitatorias que afectan las mareas en algún lugar de la Tierra puede
necesitar varias páginas. Esto no detiene a los meteorólogos para que usen una
simplificación de la ley de la gravedad y ofrezcan una aproximación útil del
momento de una alta marea en un lugar específico de la costa que relacione las
mareas únicamente con las fuerzas gravitatorias de la Tierra y de la Luna. Las
complicaciones per se no requieren explicaciones alternativas plurales de los
fenómenos observados.
King: Geoff
Hodgson argumenta que la noción de una sola teoría “general” aplicable al
comportamiento humano en todas las sociedades, en todas las épocas, es un error
peligroso que ha llevado por mal camino no sólo a los economistas neoclásicos
sino también a muchos teóricos heterodoxos. La falla para apreciar la necesidad
de la especificidad histórica en la teorización económica no sólo ha
esterilizado la obra de varias generaciones de teóricos del equilibrio general,
sino que también ha recortado los logros analíticos de algunos de sus
antagonistas más vocingleros, incluidos Clarence Ayres, John Maynard Keynes y
Joan Robinson.
Davidson: La
Teoría General de Keynes busca explicar una economía de mercado moderna en la
que se emplea dinero. Si se quiere analizar (explicar, discutir) el feudalismo
o las economías de los tiempos bíblicos, se deben añadir axiomas restrictivos
adicionales a la teoría general de Keynes para obtener una teoría del caso
especial del feudalismo o de la economía bíblica, etc. No obstante, en la base
de todos estos casos específicos de economías históricas hay una teoría general
común.
King: No se
tiene que estar de acuerdo con todo lo [de] Hodgson... para aceptar la verdad
de su planteamiento de que “hay varios problemas en la teorización general en
las ciencias sociales. Uno es el de la intratabilidad analítica y
computacional. Cuando enfrentan esas limitaciones computacionales, los teóricos
generales normalmente simplifican sus modelos y así renuncian a la generalidad
de la teoría. Otro problema relacionado con una teoría general es que estamos
limitados a principios generales que rigen todas las posibles estructuras del
dominio de análisis. En la práctica, una teoría manejable se tiene que limitar
a un subconjunto relativamente diminuto de todas las estructuras posibles.
Además, el costo de la generalidad excesiva es que se pierden algunas
características claves comunes al subconjunto de fenómenos”.
Davidson:
¡Hodgson, igual que King y muchos otros, confunde el concepto de teoría general
con el concepto de equilibrio general de Debreu como la madre de toda la teoría
económica! A diferencia de la teoría del equilibrio general de Debreu, el
análisis de la teoría general de Keynes es un enfoque basado en axiomas que
requiere menos axiomas restrictivos que cualquier otra teoría económica.
Además, cuando defendía su enfoque menos axiomático como teoría económica
general realista, Keynes señaló “es para aquellos que hacen un supuesto muy
especial para justificarlo y no para aquellos que se excusan de demostrar una
negativa general”. En ese sentido, Keynes no sólo desarrolló la economía como
análisis lógico matemático (orientó por axiomas) sino que su teoría tenía en
mente una visión pragmática de un proceso del mundo físico real.
Roy Weintraub, en su libro
reciente, Cómo llegó la economía a ser una ciencia matemática, [5]
señala que en las primeras décadas del siglo xx surgió una nueva imagen de las
matemáticas, y que esta imagen dio forma al desarrollo de la economía
matemática predominante. “Para conservar la relación entre el rigor y la
verdad, los economistas empezaron a asociar el rigor con el desarrollo
axiomático de las teorías económicas, puesto que veían que la axiomatización
era el camino para descubrir nuevas verdades científicas” (Weintraub, 2002,
pág. 98).
Pero este enfoque matemático
lleva a la siguiente pregunta: ¿la “verdad” se descubre estableciendo
suficientes axiomas para obtener el nivel “correcto” de generalidad o mediante
una teoría axiomática basada en el menor número de supuestos (“una teoría
general de empleo, el interés y el dinero”) que sea descriptiva y aplicable a
la realidad? El nivel correcto de generalidad era la visión del descubrimiento
de la verdad de Debreu. Por otra parte, el uso del menor número de supuestos
descriptivos del mundo real era el enfoque
de la “verdad”de Keynes, como indicó en la analogía que empleó para
comparar a los economistas clásicos con los geómetras euclidianos que, en un
mundo no euclidiano, continuaban usando el axioma restrictivo de las paralelas
para explicar por qué las líneas aparentemente paralelas se cruzan a menudo.
Ésta es también la creencia en que se fundamenta mi visión, y la de Sidney
Weintraub, de una teoría económica Post keynesiana en la que la base axiomática
de una teoría general no sólo debe ser tan pequeña como sea posible sino que
esos axiomas deben ser aplicables al mundo real.
En mi opinión, los fundamentos
axiomáticos mucho más restrictivos de la teoría del equilibrio general de
Debreu no son aplicables a la economía de mercado del mundo real en el que
vivimos. La responsabilidad recae, por consiguiente, sobre aquellos que, como
Debreu, añadirían esos axiomas restrictivos para obtener una teoría general
para demostrar la relevancia de sus postulados adicionales en el análisis de
casos específicos del mundo real.
La escuela de filosofía
matemática de Bourbaki fue trasplantada a la economía norteamericana de la
posguerra por Debreu. El semillero que alentó el dominio de esta visión del
mundo no real sobre la teoría económica fue la Comisión Cowles de comienzos de
los años cincuenta (Weintraub, 2002, pág. 104). Según el método de Bourbaki,
los economistas que estudiaban casos especiales tenían que basarse en los
fundamentos del caso general de equilibrio (Walras-Debreu). La estructura
general de estos fundamentos del equilibrio se obtuvo desarrollando cadenas de
silogismos a partir de lo que Debreu consideraba axiomas fundamentales que se
podían enterrar bajo los escombros acumulados de los detalles del mundo real.
En este enfoque bourbakiano, la buena teoría general no busca la máxima
generalidad sino la generalidad correcta” (Weintraub, 2002, pág. 113). En otras
palabras, Bourbaki no aceptó la búsqueda de la “máxima” teoría general de
Keynes, es decir, una teoría general que tuviera lo menores fundamentos
axiomáticos y que aún así ofreciera una descripción somera y aceptable de una
economía del mundo real. La teoría general de Keynes excluyó tres axiomas
clásicos restrictivos. [6] Según Bourbaki, la teoría general de Keynes
–basada en menos axiomas que la teoría del equilibrio general de Debreu– no es
“buena” teoría. En cambio, la teoría del valor del equilibrio general de Debreu
que se expresa en términos que muy pocos, de haber alguno, estarían dispuestos
a aceptar como una descripción adecuada de una economía del mundo real
(Weintraub, 2002, pág. 114) ofrece el nivel de generalidad “correcto”
bourbakiano. En otras palabras, en una visión bourbakiana de la economía, las
teorías que se aceptan fácilmente como descripciones de la realidad no son
necesariamente importantes. Como señala Weintraub (2002, pág. 120), la
monografía de Debreu de 1959, “La Teoría de Valor... aún se mantiene como punto
de referencia de la axiomatización del modelo walrasiano de Equilibrio
General... el 1959 libro llevaba las credenciales bourbakianas en la manga,
aunque en esta coyuntura quizá había pocos economistas que entendieran las
implicaciones de la afirmación de la afirmación de Debreu en la página x del
prólogo:
La teoría del valor se trata aquí con las normas de rigor de la
escuela matemática formalista contemporánea. El esfuerzo por lograr rigor, que sustituye
los razonamientos y resultados incorrectos por razonamientos y resultados
correctos... lleva a una comprensión más profunda de los problemas a los que se
aplica... también lleva a un cambio radical de las herramientas matemáticas....
La alianza con el rigor determina la forma axiomática del análisis allí donde
la teoría, en sentido estricto, está lógicamente desconectada de su
interpretación.
Esta es una declaración de
independencia que indica que no hay necesidad de que los elementos de una teoría
económica rigurosa tengan contrapartes en el mundo real. Debreu consideraba que
“el modelo de equilibrio walrasiano era la estructura básica [el nivel de
generalidad correcto] en la que se debía basar toda obra de economía posterior”
y mostró desdén hacia los esfuerzos (como el de Kenneth Arrow y Frank Hahn) por
forjar vínculos explícitos entre el modelo walrasiano y las preocupaciones
teóricas contemporáneas en macroeconomía” (Weintraub, 2002, pág. 121).
En su atrevido salto de fe,
Debreu creía que su obra iba a ser “la estructura madre definitiva a partir de
la que se iniciaría toda obra económica posterior, principalmente debilitando
sus supuestos o superponiendo nuevas interpretaciones sobre el formalismo
existente. Esta posición, sin embargo, exige una maniobra crucial que Debreu
nunca enunció en forma explícita, a saber, que el enfoque walrasiano del
equilibrio general era la estructura básica a partir de la que se debía
desarrollar todo trabajo científico en economía” (Weintraub, 2002, pág. 122).
Así como la declaración de
independencia de Jefferson liberó a las trece colonias del obeso Rey George, la
declaración de Debreu de lo que constituía la estructura madre “liberó” a la
economía de su dependencia de las analogías del mundo real. Weintraub (2002, p,
122) afirma que “el programa bourbakiano [de Debreu] marcó una ruptura
definitiva con las metáforas físicas”. Los éxitos en las ciencias naturales
pueden depender de “conjeturas audaces y de la refutación experimental, pero la
economía no tenía nada más que recurrir al rigor matemático.”
Creo que los defensores del
“pluralismo” protestan contra esta visión bourbakiana, aunque no lo saben.
King: Las
Post keynesianas Victoria Chick y Sheila Dow dan un argumento igualmente
poderoso, aunque implícito, a favor del pluralismo en su penetrante análisis de
lo que implica la modelación matemática en economía. La formalización de un
argumento no es, indican ellas, una mejora inequívoca, como creen los
neoclásicos. Por el contrario, es una cuestión de costos y beneficios. El
formalismo lleva consigo una visión particular del mundo, a saber, que éste
muestra regularidades de acontecimientos suficientemente fuertes como para que
se aproxime a un sistema cerrado.
Davidson: El
formalismo puede ser consistente con “modelos abiertos” como demostré en mi
desarrollo del uso de sistemas no ergódicos en la teoría económica. [7]
La importancia de los procesos no ergódicos es la que hace que la refutación en
economía sea difícil si no imposible. En mi opinión, la mayoría (pero no
necesariamente todos) de los procesos estocásticos económicos importantes son
no ergódicos y, por tanto, el rechazo permanente de cualquier conjetura sobre
fenómenos económicos tan importantes como el empleo, el crecimiento económico,
etc. Está ligado a acontecimientos históricos específicos, a la cultura y a un
futuro incierto que no se puede predecir estadísticamente en forma confiable
(incluso en principio).
Aunque Debreu manifiesta su
“entusiasmo” por la manera como incorpora la “incertidumbre” en su modelo
axiomático, su concepto de incertidumbre no tiene nada que ver con el concepto
de un futuro impredecible. Debreu introduce la “incertidumbre” simplemente
redefiniendo la interpretación de un bien para tener en cuenta las
contingencias (o estados diferentes del mundo manifiestos) y un conjunto
completo de mercados de contingencia para cada fecha en el futuro previsible.
De modo que para Debreu la incertidumbre no requiere un modelo abierto.
Weintraub (2002, pág. 125)
señala que el “bourbakismo propagado por Cowles identificó el neo-walrasianismo
con la buena teoría económica... la teoría neo-walrasiana llegó a confundirse
con el estándar de rigor matemático en el pensamiento económico... ¿por qué
exactamente se debe tomar el marco walrasiano como la única ‘estructura’ de la
que debe partir todo trabajo matemático?... ¿no era mejor argumentar a favor
del nivel correcto de generalidad, y luego pretender que se tenía el nivel
máximo? La respuesta de Bourbaki es que el rigor era una cuestión “de estilo...
y política... y gusto”.
En forma similar, King señala
que “la propuesta de Hodgson para la reconstrucción de la teoría económica, que
regresa a la historia, es intrínseca y profundamente pluralista”. Creo que la
visión de Hodgson de lo que es buena economía es un asunto de estilo, política
y gusto de Hodgson.King: Chick y Dow no niegan totalmente la legitimidad del
formalismo en economía, en todas las circunstancias, para todos los propósitos.
Por el contrario, algunos problemas se prestan para ser pensados como sistemas
cerrados y exigen soluciones precisas, formales. Ellas sólo argumentan que es
un grave error suponer que todos los problemas económicos son de este tipo.
Davidson: Creo
que Chick y Dow confunden la variante bourbakiana del formalismo de Debreu con
el uso de la lógica formal. Pienso que en la visión de Chick y Dow los
problemas que son susceptibles del formalismo de Debreu son un asunto de gusto,
estilo y política.
King: ¿Si el
pluralismo no excluye (realmente) el formalismo, ¿qué excluye? Relativismo no
calificado, por una parte; incoherencia lógica, por la otra. Hodgson es el más
claro en negar que “todo vale”, y el crítico más severo de las pretensiones del
postmodernismo a este respecto. “Una política de pluralismo aceptable”, señala
él, “concierne a la política de las instituciones hacia la financiación y el
desarrollo de la ciencia. Esa política implica el pluralismo ‘en la academia’.
Pero no se extendería a las prácticas individuales de la ciencia. Esta
confusión entre alentar ideas contradictorias en la academia y animarlas en
nuestra propia cabeza es muy difundida en el post-modernismo... Hay mucho que
decir de la tolerancia de muchos programas de investigación científica incluso
antagónicos dentro de una disciplina académica o una universidad. Pero no
debemos tolerar la existencia de ideas incoherentes dentro de nuestra propia
cabeza”.
Davidson: ¿Pero
cómo podemos asegurar que los diferentes modelos no son lógicamente
incoherentes excepto que tengamos un modelo “general” de referencia con un
número mínimo de axiomas bien especificados que actúe como fundamento de los
demás modelos?
King: King
señala que Hodgson afirma que “la política hacia la ciencia debe ser pluralista
y tolerante, pero que la ciencia debe ser intolerante contra lo que considera
una falsedad... Ninguna falla de la ciencia social para erigir una teoría
general adecuada y coherente se rectifica aplaudiendo la incoherencia”.
Caballos de carreras, como Geoff Harcourt siempre ha dicho, pero estos tienen
cuatro piernas y un jinete y galopan en sentido contrario a las manecillas del
reloj alrededor de la pista.
Davidson: La
analogía de los caballos de carreras es engañosa. En mi opinión, las piernas de
todo modelo económico (caballo) deben ser los mismos axiomas básicos que sirven
de base a la teoría general de Keynes. Quienes deseen añadir axiomas
restrictivos adicionales deben, como señala Keynes, justificar específicamente
que el uso de estos postulados adicionales es aplicable al mundo real de manera
realista. Sólo si todos los caballos comparten las mismas piernas axiomáticas
básicas pueden correr en pistas diferentes.
King: Kurz y
Salvadori también insisten en la necesidad de consistencia lógica en la
teorización económica. Para ellos, este criterio es suficiente para sacar al
análisis neoclásico de la carrera, puesto que su concepción del capital es
fundamentalmente errónea. Si el principio de “sustitución” es central para la
teoría predominante, argumentan ellos, se debe aplicar en forma lógicamente
consistente. En el largo plazo, esto significa que un aumento del precio de un
insumo induce una disminución en la cantidad de ese insumo por unidad de
producto. “Todas las proposiciones de la teoría se pueden remontar a esta idea
básica. Si no es en general verdadera, la teoría parece estar en problemas”
(Kurz y Salvadori, 2000, pág. 238). Pero desde mediado de la década de 1960 se
ha aceptado que es, en general, falsa cuando se aplica al conjunto de bienes
heterogéneos que se conoce como “capital”.
Davidson:
Infortunadamente para Kurz, Salvadori y King, Keynes rechazó el axioma de
sustitución bruta mucho antes de la controversia sobre el capital de los años
sesenta. En el capítulo 17 de Keynes sobre las propiedades esenciales del
interés y del dinero, Keynes rechaza específicamente la aplicabilidad general
del axioma de sustitución bruta. Y Arrow y Hahn demostraron que en ausencia de
sustituibilidad bruta peligran todas las pruebas de existencia del equilibrio
general. [8]
King: Desde
una perspectiva bastante diferente, el Post keynesiano Paul Davidson ha
criticado lo que él llama la “babel” de la Nueva Economía Keynesiana, en la que
las imperfecciones del mercado que impiden el descenso del precio y la
flexibilidad de los salarios se denuncian como causa fundamental del desempleo
involuntario y al mismo tiempo un descenso del nivel de precios (“deflación”)
se desacredita como un grave mal macroeconómico (Davidson, 1999; comparar con
Solow, 1997 y Taylor, 1997 para ejemplos gráficos de esta incoherencia).
Caballos de carreras, una vez más, pero todas las cuatro piernas deben apuntar
en la misma dirección.
Davidson: Y el
caballo simplemente debe demostrar que sus piernas tienen las propiedades
esenciales del interés y del dinero, independientemente de la sustitutibilidad
del trabajo o del capital como factores de producción.
En suma, creo que alentar el
pluralismo en economía sin una teoría general común que sirva de fundamento tan
sólo anima a los economistas heterodoxos a levantar una Torre de Babel moderna,
lo que hace más fácil que los economistas de la corriente predominante ignoren
la incomprensible babel resultante de esta estructura heterodoxa.
En cambio, los economistas
heterodoxos que quieren afectar el desarrollo de su disciplina cuando enseñan
en grandes universidades y revistas económicas deben unirse en torno de la
teoría general de Keynes y demostrar que lo que pasa como teoría de la
corriente principal es tan sólo un caso lógico especial que requiere axiomas
restrictivos adicionales que no son realistas y, por consiguiente, las
políticas que se basan en este caso especial son desastrosas cuando se aplican
a la economía global real del siglo XXI.
[1] Tomado del
Journal of Postautistic Economics, 15 de marzo de 2004. http://www.btinternet.com/~pae_news/review/issue24.htm
[2] Editor
del Journal of Post Keynesian Economics.
[3] J. E. King, “Three Arguments for Pluralismo in Economics”,
post-autistic economics review, número 23, 5 de enero de 2004, artículo 2, http://www.btinternet.com/~pae_news/review/issue23.htm
[4] “Ocurre que las
características de este caso especial... no son las de la sociedad económica en
que realmente vivimos, con el resultado de que sus enseñanzas son engañosas y
desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos de experiencia”. J. M.
Keynes, Teoría general del empleo, el interés y el dinero (Harcourt, Brace,
Nueva York, 1936), pág. 3.
[5] E. R. Weintraub, How Economics Became a Mathematical
Science, Duke University Press, Chapel Hill, 2002.
[6] A
saber, 1) el axioma ergódico para modelos estocásticos o el axioma de
ordenación para modelos deterministas, (2) el axioma de sustitución bruta y 3)
el axioma de la neutralidad del dinero.
[7] Paul Davidson, Financial Markets, Money and the Real
World, Elgar, Cheltenham, 2002, capítulo 3.
[8] K.
Arrow and F. H. Hahn, General Competitive Analysis, Holden Day, San Francisco,
1971, pág. 361.