Cultura

  Miércoles 17 de Marzo de 2004

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"La convertibilidad fue un error fundamental. Se ataron las manos de una manera tal que era imposible vivir", sostiene Stiglitz
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Los intelectuales del mundo y LA NACION
Stiglitz: "El FMI contribuyó a que se agravara la crisis"

La visión del Nobel de Economía de 2001

Joseph Stiglitz ganó, en forma compartida, el Premio Nobel de Economía en 2001 por sus trabajos sobre los efectos que tiene en los mercados la distribución asimétrica de la información. Pero es mucho menos famoso por ello que por sus feroces críticas al funcionamiento de los organismos multilaterales de crédito, como el FMI y el Banco Mundial. Sobre todo porque fue el economista jefe del Banco Mundial y asesor de Clinton cuando fue presidente de los Estados Unidos, y porque es profesor en la Universidad de Columbia.

Las opiniones que lo hicieron famoso fueron recogidas en su libro "El malestar de la globalización", que ha sido un gran éxito editorial. Su último trabajo es "Los felices noventa", donde traza paralelos entre los fenómenos que causaron grandes problemas en los mercados de los Estados Unidos, incluso una grave recesión, y los que llevaron a la catástrofe argentina.

Stiglitz, además, tiene oportunidad de discutir e informarse sobre la situación argentina. Integra el Observatorio de la Argentina, en el programa de graduados en Relaciones Internacionales de la New School University. Se trata de un foro de monitoreo de la situación argentina desde los Estados Unidos, que fue inaugurado por Néstor Kirchner y su esposa, Cristina, en septiembre último. Y su mensaje es que no vale la pena atarse ciegamente al FMI, tal como la crisis y la recuperación argentina, según él, demuestran.

-¿Cuál es su comentario sobre la situación actual de nuestra economía?

-Bueno, creo que lo primero es felicitar a la Argentina por el hecho de que la economía se está recuperando. Es impactante. De hecho, yo pensé que iba a suceder. Es siempre fácil olvidar el estado de ánimo de la gente hace dos años. Y ya están llegando al segundo aniversario de la crisis. La gente pensaba que iba a haber hiperinflación, depresión sin fin. Y era unánime la opinión de que tenían que acceder a un plan del FMI o no habría recuperación. No sé si ustedes recuerdan: yo escribí entonces que el problema real de la Argentina es que tiene recursos que no se están utilizando plenamente. Tenía que centrarse no en los mercados de capitales internacionales, sino en lo que sucede aquí, en la Argentina. Dije que si recibían dinero del FMI, sólo iría a pagos al FMI. Por eso, era importante tener un plan acordado con el Fondo, si se podía, pero era más importante poner en marcha la economía. Entonces, si les daban un acuerdo con buenas condiciones, estaba bien. Es siempre bueno tener un acuerdo. Pero si la opción era tener un acuerdo con malas condiciones o no tener un acuerdo, no tener un acuerdo era mejor. El Gobierno siguió adelante sin un acuerdo con el FMI, la economía comenzó a recuperarse y al Fondo le resultó claro que tenía que dar un buen acuerdo. Creo que existe consenso respecto de que el acuerdo al que se llegó con el FMI fue el mejor que jamás haya logrado un país.

-Usted es muy optimista respecto de la Argentina...

-Sí. Lo primero que han hecho, según creo, es avanzar en el sentido correcto. Y parte de esto es consecuencia natural de responder con la devaluación, que siempre estimula la economía cuando se tiene una divisa sobrevaluada. Han vuelto a un tipo de cambio apropiado y eso tiene que estimular la economía, tanto a través de las exportaciones como de la sustitución de importaciones. Y, segundo, ustedes han tenido buena suerte con precios de productos primarios elevados en el mercado de exportación. Ahora la cuestión es qué puede hacer el Gobierno para sostener el crecimiento y la recuperación y cuáles son los riesgos por delante. Hay una cantidad de maneras de abordar la cuestión. Se puede acelerar la reestructuración de la deuda. Pero hay otras maneras. El Gobierno podría decir: "Hay incertidumbre respecto de esto, pero nosotros nos vamos a asegurar de que se mantenga su viabilidad, por ejemplo, con inyecciones de capital, que consideramos nuestra responsabilidad para nuestro sistema bancario local. Y si resulta de la reestructuración que ustedes ya no son viables, a través de un programa de recapitalización aseguraremos su viabilidad".

-¿Piensa que la deuda es una cuestión clave y urgente?

-Eso depende, en realidad, de un análisis fino de los balances de los bancos. Gran parte de la deuda de los bancos corresponde a la categoría de bonos que fueron parte de la reestructuración inmediatamente anterior, y ésos no son parte del nuevo programa de reestructuración. El Gobierno dijo que se va a cumplir con los vencimientos originales. La cuestión es cuánto del resto va a ser reestructurado. Aún queda una parte por reestructurar, pero no es la mayor parte de la deuda bancaria. Si fuera toda la deuda bancaria, entonces habría un verdadero problema. Pero el Gobierno puede abordar, centrado en las posibilidades del Estado de proveer crédito de modo directo, el conjunto de actividades para facilitar el flujo del crédito. Pero quedan otras cuestiones, relacionadas con la promoción del crecimiento a más largo plazo. Por ejemplo, la promoción de las exportaciones. Yo creo que el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) probablemente no va a llegar a nada. Puede llegar a haber un ALCA, pero va a ser un ALCA sin contenido. Quizá con otro presidente distinto de Bush haya sustancia. Pero con Bush está claro que no la hay. Porque no hay acuerdos en materia agropecuaria, ni de barreras no arancelarias, sobre dumping. Eso significa que la Argentina debería impulsar activamente las exportaciones a China. Ellos necesitan su carne, sus proteínas, su soja. Por lo que hay vías para una promoción más activa.

-La Argentina hizo muchas devaluaciones. Tenemos un sistema de promoción, tuvimos bancos de desarrollo estatales. Fue un fracaso. Hay quien dice: vamos a hacer lo mismo que ya fracasó antes.

-Eso supone una llamativa falta de capacidad de aprender. En mi libro "Los felices noventa", hablo de las inmensas fallas de los bancos de inversión en los Estados Unidos. Nadie dice que entonces tenemos que cerrar los bancos de inversión.

-Pero esto es la Argentina...

-Todo el mundo dice eso y me resulta poco convincente.

-¿Cómo juzga lo ocurrido durante la era de la convertibilidad?

-Ese fue un error fundamental. Se ataron las manos de una manera en la que era imposible vivir. Si usted se está ahogando y tiene las manos atadas, y alguien dice "le puedo desatar las manos", usted va a pedir que le desaten las manos, en vez de ahogarse.

-Pero en Hong Kong la convertibilidad funcionó. Y sigue allí.

-(Piensa y hace un largo silencio) Sí. Pero, por un lado, tenían un superávit fiscal enorme. Y la segunda cuestión, probablemente más importante, es que tuvieron buena suerte. Fueron el intermediario entre China y el resto del mundo. Y resulta que el de China es el mayor boom del mundo en los últimos 25 años. Así que funcionó porque tuvieron buena suerte. En la Argentina pudo haber funcionado si el euro hubiese estado más fuerte y el dólar más débil, como sucede hoy. Yo pienso que la desgracia de la Argentina fue el momento elegido.

-China mantiene cambio alto y bajos salarios. En la Argentina parece difícil que la gente acepte eso por mucho tiempo.

-Creo que siempre hay una tensión entre el empleo, por un lado, y el salario para quienes tienen empleo. Por eso, en China la visión es que resulta más importante crear puestos de trabajo para todos. Y eso puede significar que la gente tenga salarios más bajos que de otro modo. Pero los salarios están subiendo. Aunque son más bajos de lo que podrían ser. La base es que hay una respuesta para el pleno empleo y un mayor crecimiento. Un crecimiento del nueve por ciento

-¿Cree que deberíamos hacer eso? ¿Tratar de llegar a todos con la creación de empleo, aunque los salarios queden bajos?

-Creo que la primera prioridad de cualquier gobierno es alcanzar el pleno empleo...

-Con poco salario...

-Poco salario es algo relativo. Hablemos de Estados Unidos. La política social más importante que tuvo Estados Unidos en los años 90 fue mantener bajo el desempleo. El desempleo bajó a 3,8%. Bajaron las tasas de criminalidad. Fue una política social muy importante. Una vez que empiece a crecer la economía, los salarios subirán. En Estados Unidos subimos el salario mínimo al mismo tiempo que bajamos el desempleo.

-Aquí, cuando De la Rúa trató de combatir la crisis, algunos economistas y políticos señalaron que tenía que bajar los salarios y todo el mundo dijo que era una locura. En lugar de eso, hubo devaluación, que bajó los salarios. En esa situación ¿es la única salida?

-Puede ser lo único. A veces el mundo no ofrece las opciones que uno quisiera.

-Aquí, cuando se sostenía que había que reducir los salarios, la gente dijo que no, que había que hacer lo que proponía Stiglitz. Pero era la misma cosa...

-Yo creo que la cuestión crítica es cómo estimular la economía. Y, en general, hay dos diagnósticos para el desempleo. Uno de ellos es que se da por falta de demanda agregada y el otro es que es resultado de la inflexibilidad del mercado laboral. Y creo que las evidencias son abrumadoras en favor de que el desempleo se debe principalmente a falta de demanda agregada.

-¿Tomó el caso de la Argentina en las investigaciones para su nuevo libro?

-Creo que en la edición en castellano hablo más de ese paralelo. En un sentido, está la misma burbuja en la Argentina. El entusiasmo de comienzos de los 90. La gente miraba las estadísticas y pensaba que iban a seguir así. Recuerdo que en el Banco Mundial la gente decía que eso demostraba que las reformas funcionaban. Y yo preguntaba: ¿cómo saben que esto va a durar? Ya entonces yo estaba muy preocupado por la manera en que se llevaban las cuentas, porque parte del presupuesto fiscal se veía bien debido a las privatizaciones. Eso es un ingreso de una vez. Y, de hecho, uno es pobre si está vendiendo sus activos al extranjero. Parece que al Estado le va mejor, pero el país se está empobreciendo. Lo mismo sucede si uno se endeuda para estimular un boom de consumo. En ese caso también el PBI se ve bien. Pero las bases de largo plazo se debilitan. Y, por tanto, hay muchos paralelos entre esta euforia que se dio a comienzos de los noventa en la Argentina y la de mediados de los noventa en Estados Unidos. La gente se sentía más rica, por lo que hubo un boom de consumo. Eso refuerza la impresión positiva. Pero cuando se impuso la realidad, la burbuja estalló, el capital huyó del país. Una de las diferencias es que la de Estados Unidos es una economía más rica, por lo que la caída no fue tan severa. Pero fue el mismo tipo de burbuja. ¿Por qué había gente que prestaba? Los mismos que prestaban, en Estados Unidos, a las "puntocom", sobre la base de no analizar demasiado lo que sucedía, prestaban en la Argentina. Creo que esto muestra una lección general. La gente aquí habla a menudo de la disciplina del mercado. ¿De qué están hablando? Menem fue llevado a las reuniones del FMI de 1999 como un ejemplo para todo el mundo.

-¿Lo que usted dice es que la tarea del FMI era anunciar que aquello iba a terminar mal?

-Me refiero a toda esta gente que supuestamente configura la disciplina del mercado. En algún sentido, son los mercados los que tienen que ser más disciplinados porque es su dinero el que corre riesgo. Pero tuvieron pésimo criterio. Creo que el FMI empeoró las cosas. Porque se supone que el FMI es el experto. Y le dieron a la Argentina la calificación de "A +". Eso les hizo más cómodo a los inversores volcar su dinero en las buenas épocas. Después, fueron de "A +" a "F -". El FMI empeoró las fluctuaciones al exagerar en sus críticas y sus alabanzas.

-¿Cree que el FMI necesita alguien como Alan Greenspan, más equilibrado?

-Creo que la característica de Alan Greenspan es ser muy pragmático y menos ideológico. Creo que ése es uno de sus puntos fuertes. En mi libro lo critico por ser más ideológico de lo que creo que debería. Pudo haber hecho más cosas. Pero su gran virtud es su pragmatismo. Mucha gente dijo que iba a haber un brote inflacionario. Lo dijo el FMI. El dijo: "No lo veo". Si se hubieran seguido los consejos del FMI, nunca habríamos tenido el boom en Estados Unidos. Nunca habríamos reducido el desempleo.

-Pero Estados Unidos no necesita el dinero del FMI. La Argentina, sí.

-Y el mercado no le prestó atención al FMI en Estados Unidos. Pero ésa es la desventaja que tiene la Argentina.

-¡Qué afortunados que son ustedes!

-Exactamente. Pero eso deja lecciones importantes, en el sentido de que se debe reconocer que ustedes saben más sobre la Argentina que cualquiera en Wall Street o Washington, del mismo modo que nosotros sabíamos más de la economía de Estados Unidos que el FMI. Por tanto, tenía sentido decidir qué era lo mejor para nosotros sin prestar atención a lo que decía el FMI. Y creo que lo mismo vale ahora para la Argentina.

Por Jorge Oviedo
De la Redacción de LA NACION

Con la elaboración de Laura Ferrarese y Gabriel Zadunaisky

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LA NACION | 17/03/2004 | Página 00 | Cultura


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