Voces distantes

 

Está surgiendo un consenso mundial sobre los efectos destructivos de la globalización, pero la administración Bush está fuera de línea.

 

Joseph Stiglitz*

Viernes 12 de marzo de 2004

The Guardian

 

La guerra contra el terrorismo y en Irak ha desviado parte de la atención mundial del urgente problema de cómo se debe manejar la globalización para que beneficie a todos. Un nuevo informe, publicado por la comisión de la Organización Internacional del Trabajo sobre las dimensiones sociales de la globalización, nos recuerda cuán lejana está la administración Bush de la línea del consenso mundial.

 

La OIT es una organización tripartita con representantes de los trabajadores, el gobierno y los empresarios. La comisión, dirigida por los presidentes de Finlandia y Tanzania, tiene 24 miembros (uno de los cuales soy yo) de diferentes nacionalidades, grupos de interés e inclinaciones intelectuales, incluidos miembros tan diversos como el director de Toshiba y el líder de la Federación Norteamericana del Congreso de Trabajadores de Organizaciones Industriales (afl-cio). Sin embargo, este grupo tan heterogéneo pudo cristalizar el consenso que et’sa apareciendo: la globalización –pese a su potencial positivo- no sólo no ha podido mantener ese potencial sino que realmente ha contribuido a la angustia social.

 

La falla reside en la forma como se ha manejado la globalización; en parte, por los países, pero, aún más importante, por la comunidad internacional, incluidas instituciones como el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el fmi, que son las responsables de establecer las “reglas del juego”. La comisión llegó incluso a un consenso sobre diversas medidas concretas para ayudar a dar un “rostro humano” a la globalización o, al menos, mitigar algunos de sus peores efectos.

 

La brecha entre el consenso emergente sobre la globalización que refleja este informe y las políticas económicas internacionales de la administración Bus ayuda a explicar la hostilidad general contra el gobierno de los Estados Unidos.

 

Consideremos dos problemas que han sido parte de los recientes acuerdos bilaterales de comercio impulsados agresivamente por la administración Bush. Las crisis de Asia oriental y los retrocesos recientes en América Latina muestran que la liberalización prematura del mercado de capitales puede producir volatilidad económica, pobreza creciente y destrucción de la clase media. Incluso el fmi hoy admite que la liberalización del mercado de capitales no ha llevado al crecimiento ni a la estabilidad en muchos países en desarrollo. No obstante, bien sea porque esté impulsada por una ideología estrecha o porque responda a las exigencias de intereses particulares, la administración Bush sigue imponiendo una forma extrema de liberalización en sus acuerdos bilaterales de comercio.

 

El segundo problema incumbe a las desproporcionadas disposiciones sobre propiedad intelectual (Trips) de la ronda Uruguay de negociaciones sobre el comercio, dictaminadas por las industrias farmacéutica y de entretenimiento norteamericanas. Estas disposiciones restringieron a los países para producir imitaciones genéricas de los medicamentos, de modo que en los países en desarrollo son incosteables muchos medicamentos esenciales.

 

Alarmados por la preocupación por el Sida, los activistas exigieron que se hiciera algo. Exactamente un año ante de las negociaciones sobre comercio en México, Estados Unidos hizo algunas concesiones para que no fuera el único en oponerse. En sus acuerdos bilaterales de comercio, sin embargo, está exigiendo lo que se ha llegado a conocer como “Trips-plus”, los cuales reforzarían aún más los derechos de propiedad intelectual, para asegurar que los países sólo tengan derecho a producir drogas genéricas baratas durante las epidemias y otras emergencias.

 

El consenso global, que se refleja en el informe de la comisión, pide más excepciones para que, por ejemplo, se pueda disponer de medicamentos en todos los casos en que puedan salvar una vida. Para quienes enfrentan la posibilidad de morir, lo que importa es el acceso a los medicamentos que salvan la vida, no si lo que los está matando es parte de una epidemia.

 

Los acuerdos bilaterales son la base de mejores vínculos de amistad entre los países. Pero la intransigencia norteamericana en esta área está desatando protestas en países como Marruecos, que encara la amenaza de un acuerdo de ese tipo; y también está formando la base de un resentimiento duradero.

 

La comisión destaca otros problemas que han recibido insuficiente atención global, como la competencia tributaria entre países en desarrollo, que traslada una parte mayor de la carga tributaria de las empresas a los trabajadores. Y en otras áreas, el informe de la comisión argumenta en favor de perspectivas más equilibradas. En cuanto a  las tasas de cambio, por ejemplo, muestra más simpatía por los sistemas mixtos, a diferencia de la creencia tradicional en que los países deben elegir entre los extremos de un sistema flexible y una tasa de cambio fija (el tipo que contribuyó tan intensamente a las calamidades de Argentina).

 

Como muestra este ejemplo, el hecho de que haya diferentes voces en la mesa de discusiones de la globalización abre nuevas perspectivas. Hasta ahora, la principal preocupación de la mayoría de los expertos en la globalización ha sido la excesiva intervención del gobierno en la economía. La comisión teme justamente lo contrario. Argumenta que el Estado debe cumplir la función de amortiguar el impacto del cambio económico rápido sobre los individuos y la sociedad.

 

La forma en que se ha manejado la globalización, sin embargo, ha erosionado la capacidad del Estado para cumplir un papel adecuado. En el origen de este problema está el sistema político global, si así se lo puede llamar. Jugadores importantes como el fmi y el Banco Mundial deben ser más transparentes y hay que modificar sus estructuras de votación para que reflejen la actual distribución del poder económico –contraria a la que prevalecía en 1945 – dejando tan sólo la necesidad de que reflejen únicamente los principios democráticos básicos.

 

Independientemente de lo que se piense de las muchas sugerencias concretas de la comisión es muy claro que necesitamos un debate más incluyente sobre la globalización, un debate en el que se escuchen más voces, y en el que se preste mucha más atención a las dimensiones sociales de la globalización. Éste es un mensaje que el mundo haría bien en escuchar para que no siga creciendo el descontento con la globalización.

 

*Joseph Stiglitz, profesor de economía en la Universidad de Columbia, ganador del Premio Nobel y autor de El descontento con la globalización http://www.guardian.co.uk/comment/story/0,3604,1167759,00.html