Lo que va al
extranjero suele regresar, con beneficios
Hal R. Varian*
Tomado del periódico NewYork Times. Sección:
Business Marzo 11, 2004. Titulo Original: “Economic Scene; With free trade, what goes abroad usually finds its way
back, to everyone's benefit.” Traducción de Alberto
Supelano, asupelan@etb.net.co
La edición del 31 de enero de The Economist
describía las consecuencias de los empleos de alta tecnología que se van al
extranjero.
Según la historia, “con el traslado de la I&D
más allá del Atlántico se van muchos empleos de alto valor, así como una mayor
proporción de las ganancias de la industria”. Esta tendencia ha suscitado una
“preocupación creciente” en la industria, y algunos ejecutivos se manifiestan
contra la tendencia al outsourcing.
Viejas noticias, se podría decir. La prensa está
repleta de artículos sobre empleos de alta tecnología que se subcontratan en la
India.
La diferencia es que el artículo versa sobre los
empleos en investigación biotecnológica que Europa subcontrata en los Estados
Unidos. Pero el lenguaje es pavorosamente familiar: remplacen “tecnología
informática” por “biotecnología” y cambien los papeles de Europa y de
Norteamérica, y esta historia se podría hacer pasar como otro requiem del Valle
del Silicón.
Artículos como éste nos deberían recordar que el
comercio es una vía de dos direcciones.
El dinero que se paga a los productores
extranjeros, sean empresarios o trabajadores, normalmente retorna al país para
comprar bienes y servicios domésticos, por lo que genera empleo doméstico. Eso
es cierto aunque sean compañías europeas las que pagan a los investigadores
norteamericanos en biotecnología o compañías americanas las que pagan a los
programadores indios.
Pensemos en esto. Si Oracle envía $10,000 al
extranjero para pagar a un programador indio, ese dinero encuentra manera de
retornar a los Estados Unidos o no la encuentra. Si retorna, se puede usar para
comprar bienes y servicios norteamericanos, y emplear a trabajadores
norteamericanos. Si no retorna es incluso mejor desde el punto de vista del
país: les enviamos papel, mientras que ellos nos envían bienes y servicios
valiosos.
Sí, estos días de dinero electrónico son más bits
que el papel, y quizá ellos nos envían más servicios que bienes. Y quizás la
forma como retorna el dinero sea a través de la compra de bonos del Tesorería u
otros títulos financieros.
Pero aquí es válido ese mismo principio. Si el
ingreso de los bonos del Tesoro se usa para comprar algo que se produce en los
Estados Unidos, crea empleos. Si el dinero nunca se gasta en los Estados
Unidos, hemos conseguido algo a cambio de nada.
El problema político del comercio es simplemente
este: cuando los dólares fluyen al extranjero es fácil identificar a quienes
son perjudicados. Pero cuando los dólares retornan, es mucho más difícil
identificar a los beneficiarios.
Miremos a los agricultores, por ejemplo.
Estimuladas por el descenso del dólar, se prevé que las exportaciones agrícolas
norteamericanas aumenten a $59 mil millones este año, $2,8 mil millones más que
el año pasado, pese a la zambullida que se informó ayer. El ingreso agrícola
también está aumentando y sería aun mayor si no fuera por el descenso de las
exportaciones de carne debido al temor a las vacas locas.
A pesar de esta oleada de exportaciones agrícolas
no ganaderas, no se ve que los agricultores se manifiesten en favor del libre
comercio. Los trabajadores en biotecnología también lo están haciendo bien,
como ilustra el ejemplo inicial. ¿Pero cuántos de esos agricultores o técnicos
atribuyen su buena fortuna al comercio exterior?
Quienes ganan con el comercio no lo saben o lo
mantienen en silencio, por obvias razones. No es prudente presumir acerca de la
buena fortuna cuando otros están
perdiendo sus empleos.
¿Pero no hay algo especial en el comercio de
servicios? No lo hay. Los servicios siempre se han comerciado
internacionalmente. De hecho, hoy ascienden a cerca del 30 por ciento del valor
total de las exportaciones norteamericanas. El año pasado, los Estados Unidos
tuvieron un déficit comercial de $550 mil millones en bienes, pero un superávit
de $60 mil millones en servicios.
Hoy, la moderna tecnología de comunicaciones ofrece
un nuevo conjunto de oportunidades para el comercio de servicios.
Imaginemos un mundo en el que los trabajadores
norteamericanos pudieran subcontratar por sí mismos la producción a los
trabajadores extranjeros. Paul podría enviar todas las mañanas un correo
electrónico a Avinash con las tareas de programación y recibir el trabajo
terminado en la tarde. A cambio, Paul compraría un giro postal de un décimo de
su salario cada mes y enviárselo a Avinash.
Paul podría conseguir otro empleo y ganar más
dinero, o podría simplemente descansar. ¿Parece ser un buen negocio para Paul?
Por supuesto que lo es: aprovecharía la oportunidad de subcontratar en esos
términos.
Aunque Paul contrataría Avinash para que hiciera su
trabajo si pudiera capturar la diferencia de salarios, Paul estaría
comprensiblemente inquieto si su patrón lo despidiera y subcontratara su
trabajo a Avinash.
Este experimento mental muestra que los debates
acerca del comercio no se refieren a si debemos aceptar esos buenos negocios
que nos ofrece el trabajo barato extranjero: claro que debemos aceptarlos. El
debate es acerca de quién capturará los beneficios de esos negocios y quién
soportará los costos.
Idealmente, aquellos que más se benefician con el
comercio compensarían a los que pierden. En la práctica, todos se benefician en
alguna medida por disponer de bienes y servicios más baratos, de modo que la
compensación para los que pierden con el comercio debería provenir de los
ingresos generales.
Con algunas excepciones, Estados Unidos ha sido un
defensor del libre comercio. Sería une enorme paso hacia atrás inclinarse hacia
políticas proteccionistas.
En la próxima década, este país necesitará más
trabajadores extranjeros, bien sea que vivan aquí o en el extranjero. En pocos
años veremos que un gran porcentaje de la fuerza de trabajo desaparece a medida
que la generación de la explosión demográfica empiece a pensionarse. Sin embargo,
esos pensionados esperan consumir durante la jubilación tanto como hoy
consumen.
¿Quién producirá todos esos bienes y servicios?
En el futuro cercano, los Estados Unidos tendrán
que encontrar maneras de producir más con menos trabajo doméstico. Eso
significa un incremento del crecimiento de la productividad, para obtener más
producción de los trabajadores que tenemos, y ampliar el comercio
internacional, usando todo ese trabajo extranjero barato.
A medida que la población envejezca, el aumento de los
costos de los servicios de salud suscitará mayores preocupaciones que el tema
de empleos domésticos. Se considerará que un análisis de rayos X barato de un
radiólogo de Bangalore es un derecho de todo norteamericano, pagado por
Medicare, por supuesto.
Es inevitable (pero no menos deprimente) que el
outsourcing llegue a ser un tema importante de la oratoria del año de
elecciones. Esperemos que la postura de corto plazo contra el comercio no se
oponga a los intereses de largo plazo del país.
* Hal R. Varian es profesor de negocios, economía y manejo de la
información en la Universidad de California en Berkeley.